Siempre dije que mi época favorita era el otoño.
Es que tengo recuerdos de mi niñez en otoño, donde mi memoria me dice que fui feliz, el frío del viento y lo tibio del sol, ver un naranja atardecer subido a las amarillas copas de los árboles del jardín, el crujir de las hojas bajo mis pies, el olor a ramas quemadas y cascarilla de cacao caliente. Todas esas cosas me traen nostalgia.
El primer otoño que viví en pareja, quedarse sentado en un banco de Parque Rivadavia o Parque Centenario y mirar como el sol se ocultaba, no hacía frío mientras estábamos abrazados…y el tiempo corría rápido, y las despedidas solo se justificaban con la promesa de volver a vernos al día siguiente… besarnos mientras la luna se hacía más grande frente a parque San Martín, o mirar las estrellas frente al planetario. Me costó mucho tiempo poder recorrer, solo, nuevamente esos lugares.
En otoño, la nostalgia se vuelve melancolía… el otoño me hace sentir que el invierno va a ser duro y triste.
“Los árboles meditan en Invierno, gracias a ello, florecen en Primavera, dan sombra y frutos en el Verano y se despojan de los superfluo en el Otoño”
Y ¿Por qué la poda?, de chico, mi papá me decía que para que un árbol vuelva a crecer fuerte en primavera, era necesario cortar algunas ramas en otoño, aunque yo siempre pensé que lo hacía porque le fastidiaba juntar las hojas que el mismo largaba.
Tiempo después comprendí la importancia de la poda tanto en las ramas de los árboles como en partes de nosotros.
La nostalgia vuelve melancolía, se seca una rama, y es necesario podarla, llorarla, quemarla y entender que, aunque la rama ya no este, que ya no largara hojas amarillas como lágrimas, su marca queda para recordarnos que existió.
Ya no soy tan joven, para querer conquistar el mundo, pero tampoco soy viejo. Solo estoy en la etapa de planeamiento, de cómo carajo se sigue ahora.
Me conformo con un abrazo, con lograr hacer sonreír a alguien, comprendí el verdadero valor de la amistad, de la paz, y de la salud.
Solo espero poder tener corazón que aguante muchos otoños más, para poder podar mis ramas y ver nacer nuevas.
